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Operando desde un circo

Tatatachán! Por fin llegué, vaya atasco. Hola cariño, el día fue durísimo, mucho trabajo. Ya sabes que los días de tormenta se multiplican las tareas. Estoy agotadísimo, me costó mucho levantarme, no debí quedarme a ver terminar la película de anoche, acabó sobre la 1. Ya, ya lo sé, se me pegaron las sábanas y no pude sacar a pasear el perro. ¿Pan? No, no lo compré. No vi tu mensaje, que va, no tuve tiempo de mirar el móvil, estuve muy estresado. No puedo comer contigo, en 5 minutos abre el mercado y tengo que operar. Ponme la comida en una bandeja y la llevo a la oficina. No te enfades, entiéndelo.

Cuantos papeles tengo en la mesa, facturas por guardar, publicidad de electrodomésticos… que no se me olvide ver el precio de este televisor en Amazon. Bueno, hay que hacer hueco para la comida, todo esto en un montón, ya lo revisaré. A ver, arranco el ordenador y mientras tanto comienzo a comer. Entre macarrón y macarrón voy trazando niveles, me coge la apertura por en medio y me molesta todo. A ver, si no he levantado la persiana, vaya cabeza. Vaya forma de llover, hacía falta agua, cómo se oye la puñetera, voy a poner un poco la radio y de paso me entero como va el mercado de fichajes.

Mientras como el melocotón y leo los wasaps de la mañana, el precio realiza una corrección y se gira muy rápido. Ey, Que se escapa! Rápidamente meto una orden a mercado un poco tarde, el precio se gira en mi contra y comienzo a maldecir por qué entré ahí cuando ya había hecho un buen recorrido. El melocotón espera ser mordido nuevamente mientras comienzo a sudar porque se aproxima al nivel de stop. Mientras yo sudo, el melocotón se seca y el equipo líder renueva a su estrella, el precio comienza a despegar a mi favor y la saliva vuelve a mi boca, rápidamente protejo la operación y aprovecho un movimiento direccional para aguantar y cerrar con un profit fantástico, qué alegría, jeje. Me acabo el melocotón y voy a por un café para celebrarlo.

Regreso y, ya calmado de la euforia, reviso la operación y compruebo el beneficio. Cuando me doy cuenta que, con las prisas, se me olvidó seleccionar la cuenta en real y la operación fue realizada en simulado. Se me pone una mala leche de esas que dan miedo, maldigo las prisas, los nervios, la indisciplina y decido calmarme. No pasa nada, me digo. Observo que el precio está en un rango lateral, que coincide con una zona de resistencia y puede durar bastante en ser roto. Decido poner 2 alertas sonoras para que cuando rompa al alza o a la baja me avise y, mientras tanto, me reclino en el sillón y puedo pegar una cabezadita. Qué tal si me pongo una música relajante, pienso, así que abro youtube y busco “música relajante para dormir siesta”. Pongo a reproducir la primera que aparece y comienzo a descansar.

Qué a gusto y relajado me siento, casi estoy apunto de dormirme cuando aparece un anuncio a mitad de reproducción, ni me inmuto, tengo los altavoces a mano y decido apagarlos. Ahora ya no me molestarán los anuncios y estoy tan relajado que me duermo al instante, total, si el precio rompe el rango lateral saltará una alarma y volveré a la operativa. Ring ring, me despierto de forma abrupta, cojo el teléfono. Sí mamá, dime. Cuantas veces te dije que en horas de operativa no me llames, vale, mañana te acompaño al médico. Vaya, las 17:30, he dormido más de una hora y el mercado no ha avisado. Desbloqueo pantalla y me entra un cabreo de esos que escupen veneno. Al ritmo de los rayos que hay en la calle, me pongo a chillar tras comprobar que el rango fue roto y ha dado 2 oportunidades de poder entrar al mercado. Las señales de alerta no han sonado y descubro que, por culpa de apagar los altavoces para no escuchar los anuncios del youtube, anulé la posibilidad de escuchar las alertas.

Totalmente fuera de control y dirigido por la rabia, sin condicionantes ni elementos a favor, fuerzo la situación y de forma impulsiva mi ego y las ganas de entrar al mercado y revancha, me hacen poner una orden de compra y entrar al mercado. Una vez dentro y, sin tiempo para poner la orden stop de protección, me quedo a oscuras y en silencio. Acaba de irse la luz, el ordenador, el teléfono, el internet y hasta la lavadora que estaba puesta. Maldita sea, en lugar de mirar un televisor nuevo tendría que haber comprado un SAI hace meses, qué tonto soy. Sólo se escuchan truenos y la fuerte lluvia. Tengo abierta una orden de compra en medio de la nada, en una tendencia que probablemente esté llegando a su fin y sin un stop de protección que la cierre si el precio se gira en contra.

Rápidamente, a oscuras, busco el plan de trading. Ahí tengo el teléfono del bróker para llamar directamente en caso de emergencia y cerrar la orden. No lo encuentro, siempre está encima de la mesa, por Dios. Finalmente y tras tirar por el suelo todas las facturas y publicidad de televisores, encuentro bajo esos papeles el plan de trading. Teléfono móvil en mano y plan de trading me dirijo a la ventana más próxima donde pueda localizar el número. Lo encontré, me dispongo a llamar y el teléfono me avisa con varios pitidos seguidos que la batería está muriendo. ¡Por Dios, que aguante, que aguante unos minutos! Hace 6 minutos que se fue la luz y tengo comprado un contrato de futuro en un activo que, como vaya en mi contra, puede hacerme perder mucho dinero. Con mi inglés bastante limitado, intento entenderme con el señor americano que está al otro lado. “Wait a moment” me dice y yo con una cagalera encima. La primera vez que tengo que llamar al bróker y estoy descontrolado. Pi pi pi, la puñetera batería avisando y yo sin luz, ni teléfono fijo, ni internet en casa. A los 10 segundos se apaga el teléfono, !noooo!

La historia termina 25 minutos más tarde en casa de mi madre, desde su teléfono y el americano diciéndome que cerraba la operación perdiendo unos 750€. Una hora después consigo entrar a internet y compruebo cómo mis compañeros de trading aprovecharon los movimientos e hicieron la jornada del mes.

Analizo y concluyo que, desde mi llegada a casa, no tuve el control de la situación ni del trading en ningún momento. Prisas, estrés, agotamiento, ansiedad por operar, mala planificación, improvisación y demás, me hicieron operar fuera de la zona. Una entrada realizada a destiempo entre macarrones y con las noticias deportivas en la radio, me hizo padecer, para seguidamente pasar al olimpo y volver bajo tierra tras comprobar que fue en simulado. Una siesta improvisada en un ambiente hostil, con truenos, sin estar preparado ante posibles cortes de luz y la mala previsión de no tener el teléfono móvil con carga, me hicieron operar mal y no poder subsanar la situación a tiempo. Al final de todo nos queda asumir la pérdida, planificar unas rutinas eficientes y sobretodo, ser disciplinado con las normas y el método.

Fin de la función.

Nota: Es una historia ficticia, pero reúne muchos errores que el trader suele provocar.

Luis David Pérez

@iamluisdavid

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